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Ventanear, 20xx




La sombra fina de los porches de cañas, las redes al aire de los pescadores, las escotillas y ventanas de barco, las capas del objetivo de una cámara de fotografía, els “festejadors”...







ESPAÑOL “Ventanear” es hacer ventanas, crear dispositivos de interacción entre interior y exterior. Estos tres proyectos son tres primeras muestras de una actitud para la elaboración de un catálogo que dé pie a una producción proyectual de investigación y desarrollo sobre el tema de la ventana y el hueco. Esta realización parte de replantear las posibilidades a la hora de pensar una ventana y las decisiones que intervienen, hacer complejo y rico varios huecos de fachada.
“La caleta” es la sustitución de una ventana en un piso obra del arquitecto Lamela en Palma de Mallorca. Este proyecto se basa en valorar y mantener las virtudes de la obra original. La decisión de proyecto es mantener el despiece y el material, actualizando las prestaciones térmicas y potenciando las cualidades de la relación mar-balcón-interior. Reducir la intervención al mínimo trata del respetar y a la vez aprender de una carpintería que guarda en su diseño complejidades respecto al viento, la brisa, las vistas o la distribución del espacio.
“12 ventanas en una” es una actuación vinculada a la adición de una vivienda en planta piso y el diseño de su fachada. La ventana se detecta como una oportunidad de proyecto crucial tanto para el interior como para el exterior. Esta se proyecta como un artefacto que multiplique las posibilidades de manipulación del usuario y resuelva la relación con el edificio preexistente. Tres capas, de cuatro elementos crean el grosor de una máscara. Una capa exterior de persianas (de medidas idénticas a las de los pisos inferiores), una capa intermedia de barandilla y celosía (la barandilla generando un balcón interior y la celosía sirve de soporte de pliegue a las persianas) y una capa interior de carpinterías de vidrio (a veces correderas y otras oscilobatientes en función del hueco) Su despiece se conjuga con el ritmo y proporciones de la fachada antigua y con las de la calle en un pueblo de miles de miradas pendientes.
“Red de sombras” es la invención de una persiana económica y generadora de una sombra especialmente fina para una casa frente al mar. El uso de redes de pesca tamiza la luz como si fuera una cortina exterior. Su disposición precisa requiere de habilidad en su encaje en el marco, el paso de la red libre a la red capturada no es inmediata. Como si estuviera viva, su cualidad textil y su contacto con el hierro hacen que con el rocío de la mañana y el frío de la noche la sombra quede destensada, cogiendo su máxima tensión al mediodía. La persiana se convierte en herramienta y símbolo, conexión con un elemento de la memoria vinculado al mar.
Estas tres realizaciones de pequeña escala, contrastan con las demás presentadas en PRÓXIMA y representan un extremo del discurso. Desde la gran escala de las realizaciones vinculadas al urbanismo, al detalle de las ventanas y otros artefactos presentados, hay varias cuestiones que son constantes en nuestra posición como arquitectos. Aprender de lo ordinario y lo cotidiano, el dibujo a línea, los sistemas constructivos ensamblados y ligeros, el entendimiento infraestructural del proyecto arquitectónico, y la labor ética combinada de oficio técnico junto a promoción cultural de la arquitectura, son los principales denominadores comunes en los proyectos realizados.
En todos ellos, el objeto final no es el objetivo sino a las posibles variaciones vinculadas a su producción y desarrollo. Ello supone entender lo arquitectónico como proceso, no como aquello meramente construido, o como objeto final. Así, los proyectos presentados se basan en aportar una capacidad de respuesta al cambio, permitiendo la contingencia, el azar, la participación social, la inclusión sistemas pasivos y activos, el equilibrio energético y medioambiental, y, en definitiva, la transformación y evolución de una forma nunca finalista. Este posicionamiento proyectual está vinculado a atender a un ciclo de vida abierto de los proyectos, posición fundamental en un pensamiento sostenible del planeta.
Aprender de lo ordinario, lo cotidiano es una pauta en nuestro trabajo. El proceso de proyecto intenta gravitar entorno a las referencias cotidianas. Aquellas provenientes de la cultura propia del ámbito arquitectónico, ineludiblemente presentes en nuestra memoria, intentan dejarse de fondo, en un esfuerzo por no afectar al desarrollo de un lenguaje propio de cada proyecto. 
La expresión gráfica y el dibujo afectan profundamente en el desarrollo de los proyectos. La decisión del trabajo a línea, sin uso de manchas sólidas en los dibujos es fundamental. Cada trazo se entiende como un vector, una ristra de puntos que contienen información y que tiene valor en sí mismo. El vacío que produce la mancha se evita, dando paso a distintas tramas, conjuntos de líneas con significado.
Ello afecta indudablemente a los proyectos y a su entendimiento. El dibujo no se entiende como una mera representación sino como la translación conceptual del proyecto. Por ello, la arquitectura resultante está muchas veces compuesta e influida por elementos y estrategias vinculadas a la línea, desde su composición global a las características de sus fragmentos.
Las estructuras ligeras, sobretodo metálicas y de madera, son recurrentes. Los motivos son las dimensiones y procesos constructivos con las que se trabajan. La actuación en masa de ciertos proyectos y estructuras pierde peso frente a las barras de las estructuras planteadas. Vinculadas al ensamblaje, su uso permite un mayor reciclaje como material. Su influencia, pasa sobre todo por el entendimiento vectorial del espacio, lleno de significados y significantes capaces de atrapar por los dispositivos y artefactos proyectados.
Sin atender a formas o escalas, el entendimiento infraestructural del proyecto arquitectónico es un denominador común en las realizaciones presentadas. En ellos, el objeto final no es el objetivo sino a las posibles variaciones vinculadas a su producción y desarrollo. Ello supone entender lo arquitectónico como proceso, no como aquello meramente construido, o como objeto final. Ello está vinculado a atender a un ciclo de vida abierto de los proyectos, posición fundamental en un pensamiento sostenible del planeta. Nuestras realizaciones se basan en aportar una capacidad de respuesta al cambio, permitiendo la contingencia, el azar, la participación social, la inclusión sistemas pasivos y activos, el equilibrio energético y medioambiental, y, en definitiva, la transformación y evolución de una forma nunca finalista.
Además, todo ello sin perder la vista la combinación de la labor de oficio del arquitecto (sensato y sensible a solucionar desde los problemas más banales a los más complejos) con la dinamización al mismo nivel de los valores añadidos que aporta la arquitectura. La sensibilidad y la sensatez a la hora de solucionar problemas se conjuga con la capacidad propositiva de potenciar las dimensiones sociales, culturales y artísticas que aborda la arquitectura. Ambas, deben de la ética necesaria, responsabilidad que nos otorga el título de profesionales, en un momento en el que el papel de lo arquitectónico en el mundo puede ser crucial.
ENGLISH “Ventanear” es hacer ventanas, crear dispositivos de interacción entre interior y exterior. Estos tres proyectos son tres primeras muestras de una actitud para la elaboración de un catálogo que dé pie a una producción proyectual de investigación y desarrollo sobre el tema de la ventana y el hueco. Esta realización parte de replantear las posibilidades a la hora de pensar una ventana y las decisiones que intervienen, hacer complejo y rico varios huecos de fachada.
“La caleta” es la sustitución de una ventana en un piso obra del arquitecto Lamela en Palma de Mallorca. Este proyecto se basa en valorar y mantener las virtudes de la obra original. La decisión de proyecto es mantener el despiece y el material, actualizando las prestaciones térmicas y potenciando las cualidades de la relación mar-balcón-interior. Reducir la intervención al mínimo trata del respetar y a la vez aprender de una carpintería que guarda en su diseño complejidades respecto al viento, la brisa, las vistas o la distribución del espacio.
“12 ventanas en una” es una actuación vinculada a la adición de una vivienda en planta piso y el diseño de su fachada. La ventana se detecta como una oportunidad de proyecto crucial tanto para el interior como para el exterior. Esta se proyecta como un artefacto que multiplique las posibilidades de manipulación del usuario y resuelva la relación con el edificio preexistente. Tres capas, de cuatro elementos crean el grosor de una máscara. Una capa exterior de persianas (de medidas idénticas a las de los pisos inferiores), una capa intermedia de barandilla y celosía (la barandilla generando un balcón interior y la celosía sirve de soporte de pliegue a las persianas) y una capa interior de carpinterías de vidrio (a veces correderas y otras oscilobatientes en función del hueco) Su despiece se conjuga con el ritmo y proporciones de la fachada antigua y con las de la calle en un pueblo de miles de miradas pendientes.
“Red de sombras” es la invención de una persiana económica y generadora de una sombra especialmente fina para una casa frente al mar. El uso de redes de pesca tamiza la luz como si fuera una cortina exterior. Su disposición precisa requiere de habilidad en su encaje en el marco, el paso de la red libre a la red capturada no es inmediata. Como si estuviera viva, su cualidad textil y su contacto con el hierro hacen que con el rocío de la mañana y el frío de la noche la sombra quede destensada, cogiendo su máxima tensión al mediodía. La persiana se convierte en herramienta y símbolo, conexión con un elemento de la memoria vinculado al mar.
Estas tres realizaciones de pequeña escala, contrastan con las demás presentadas en PRÓXIMA y representan un extremo del discurso. Desde la gran escala de las realizaciones vinculadas al urbanismo, al detalle de las ventanas y otros artefactos presentados, hay varias cuestiones que son constantes en nuestra posición como arquitectos. Aprender de lo ordinario y lo cotidiano, el dibujo a línea, los sistemas constructivos ensamblados y ligeros, el entendimiento infraestructural del proyecto arquitectónico, y la labor ética combinada de oficio técnico junto a promoción cultural de la arquitectura, son los principales denominadores comunes en los proyectos realizados.
En todos ellos, el objeto final no es el objetivo sino a las posibles variaciones vinculadas a su producción y desarrollo. Ello supone entender lo arquitectónico como proceso, no como aquello meramente construido, o como objeto final. Así, los proyectos presentados se basan en aportar una capacidad de respuesta al cambio, permitiendo la contingencia, el azar, la participación social, la inclusión sistemas pasivos y activos, el equilibrio energético y medioambiental, y, en definitiva, la transformación y evolución de una forma nunca finalista. Este posicionamiento proyectual está vinculado a atender a un ciclo de vida abierto de los proyectos, posición fundamental en un pensamiento sostenible del planeta.
Aprender de lo ordinario, lo cotidiano es una pauta en nuestro trabajo. El proceso de proyecto intenta gravitar entorno a las referencias cotidianas. Aquellas provenientes de la cultura propia del ámbito arquitectónico, ineludiblemente presentes en nuestra memoria, intentan dejarse de fondo, en un esfuerzo por no afectar al desarrollo de un lenguaje propio de cada proyecto.
La expresión gráfica y el dibujo afectan profundamente en el desarrollo de los proyectos. La decisión del trabajo a línea, sin uso de manchas sólidas en los dibujos es fundamental. Cada trazo se entiende como un vector, una ristra de puntos que contienen información y que tiene valor en sí mismo. El vacío que produce la mancha se evita, dando paso a distintas tramas, conjuntos de líneas con significado.
Ello afecta indudablemente a los proyectos y a su entendimiento. El dibujo no se entiende como una mera representación sino como la translación conceptual del proyecto. Por ello, la arquitectura resultante está muchas veces compuesta e influida por elementos y estrategias vinculadas a la línea, desde su composición global a las características de sus fragmentos.
Las estructuras ligeras, sobretodo metálicas y de madera, son recurrentes. Los motivos son las dimensiones y procesos constructivos con las que se trabajan. La actuación en masa de ciertos proyectos y estructuras pierde peso frente a las barras de las estructuras planteadas. Vinculadas al ensamblaje, su uso permite un mayor reciclaje como material. Su influencia, pasa sobre todo por el entendimiento vectorial del espacio, lleno de significados y significantes capaces de atrapar por los dispositivos y artefactos proyectados.
Sin atender a formas o escalas, el entendimiento infraestructural del proyecto arquitectónico es un denominador común en las realizaciones presentadas. En ellos, el objeto final no es el objetivo sino a las posibles variaciones vinculadas a su producción y desarrollo. Ello supone entender lo arquitectónico como proceso, no como aquello meramente construido, o como objeto final. Ello está vinculado a atender a un ciclo de vida abierto de los proyectos, posición fundamental en un pensamiento sostenible del planeta. Nuestras realizaciones se basan en aportar una capacidad de respuesta al cambio, permitiendo la contingencia, el azar, la participación social, la inclusión sistemas pasivos y activos, el equilibrio energético y medioambiental, y, en definitiva, la transformación y evolución de una forma nunca finalista.
Además, todo ello sin perder la vista la combinación de la labor de oficio del arquitecto (sensato y sensible a solucionar desde los problemas más banales a los más complejos) con la dinamización al mismo nivel de los valores añadidos que aporta la arquitectura. La sensibilidad y la sensatez a la hora de solucionar problemas se conjuga con la capacidad propositiva de potenciar las dimensiones sociales, culturales y artísticas que aborda la arquitectura. Ambas, deben de la ética necesaria, responsabilidad que nos otorga el título de profesionales, en un momento en el que el papel de lo arquitectónico en el mundo puede ser crucial.